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En Galicia, dependiendo de su zona de producción y de las diversas climatologías que las acompañan, se producen muchos y variados caldos de diferentes calidades.
En Galicia encontramos actualmente cinco denominaciones de origen:
Ribeiro, Valdeorras, Rías Baixas, Ribeira Sacra y Monterrey.
El vino llegó a Galicia con los romanos, pero sin embargo fueron los monasterios de la zona los responsables de su expansión. En ellos, los abades de origen francés enseñaban técnicas, adecuaban variedades e imponían el cultivo de la vid, hasta el punto de que el derecho foral recoge pagos en unidades de vino.
El propio Miguel de Cervantes se hizo eco de la importancia del vino de Ribeiro, el cual se vendía en media Europa, en el siglo XVII, y era embarcado para América. A mediados del XIX, Galicia contaba cincuenta mil hectáreas de viñedo, más que, hoy, cuando no existen más de treinta mil hectáreas.
Los vinos de mayor fama en Galicia son los albariños, producidos en las Rías Baixas. Las raíces se anclan en los cenobios y en las comarcas de Salnés, Condado, Rosal y Soutomaior, asentadas sobre suelos graníticos, francoarenosos, algo ácidos, poco profundos y con bajo contenido en materia orgánica.
En 1988, la aprobación del reglamento del Consejo Regulador de la Denominación de Origen fue el punto de inflexión para su expansión. Hoy, se cuentan 127 bodegas, cerca de doscientas marcas, 1.800 hectáreas, cuatro mil viticultores, siete millones de botellas y trescientos mil litros exportados en 1996.
Los vinos blancos destacan por su calidad y por su prestigio internacional. De color amarillo, limpios, brillantes, con aromas de frutas y flores, persistentes y largos en el postgusto, los albariños son perfectos para el marisco, las almendras saladas, los canapés o el queso. No obstante, siguen escaseando los tintos, apenas esbozados en espléndidas variedades de jóvenes espadeiros, mencías y sousones.
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Con una producción limitada de 8.742 botellas, selección manual de los racimos, despalillado suave y prensado en prensa neumática a baja presión. Nos encontramos ante un vino blanco excelente.
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Buque insignia de la bodega, es una clara demostración de los beneficios de una sabia mezcla de variedades.
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Color amarillo pajizo, con delicado e intenso aroma. En la boca, se muestra muy fresco, vivaz y alegre, pero reposado a la vez, además de elegante, equilibrado y frutal.
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Toda la expresividad de la uva Albariño.
Vino frutoso con recuerdos marinos que nos seduce con su elegante frescura.
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Un perfecto representante de los vinos blancos varietales españoles más lujosos.
Medalla de plata en el Consurso Internacional Bacchus 2008.
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