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La historia del vino chileno comienza con la llegada de los españoles a aquellas tierras en el siglo XVI. Ellos trajeron las vides al nuevo continente, y ya por el año 1548 se conocían algunas plantaciones para uso particular en el Valle del Bío-Bío, en el sur del país.
Fueron los sacerdotes los primeros en elaborar pequeñas cantidades de vino para la realización de la misa.
Posteriormente los indígenas araucanos conocen la uva y aprenden a fermentarla, dando origen a lo que hoy llamamos chicha de uva.
Chile cuenta con unas 40.000 hectáreas de viñedo, que se extienden en una estrecha franja que va de norte a sur a ambos lados de Santiago de Chile.
El viñedo chileno es el único del mundo que está plantado en su totalidad sin injertar, ya que las condiciones climáticas y las barreras naturales han impedido el desarrollo de la filoxera.
Muchos vinos chilenos se encuentran hoy entre los mejores del mundo.
Los viñedos más destacados de Chile se concentran en seis valles en el centro del país: Valle de Casablanca, Valle del Maipo, Valle del Maule, Valle de Curicó, Valle del Rapel y Valle de Colchagua.
Principalmente cultivan variedades de uva francesas, refinando los ensambles y las técnicas de maduración con buenos resultados.
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Este vino procede de viñedos de la variedad Chardonnay, cultivados en la zona de Río Claro (Curicó) que tiene un clima más frío que el Valle Central.
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Complejo e intenso aroma en el que se armonizan notas de confituras, vegetales
(eucalipto y especias), de roble y de pan tostado.
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Para elaborar este se ha experimentado, durante muchos años, con viejas cepas chilenas y españolas de diferentes variedades.
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