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En las Islas Baleares existe una superficie total de viñedo de cerca de 1.200 hectáreas, más del 60% de las mismas corresponden a las dos denominaciones de origen existentes en la actualidad (Binissalem, Mallorca y Pla i llevant).
De clima Mediterráneo y unas excelentes condiciones edafológicas, factores que favorecen el cultivo de la vid, sobre todo de sus variedades autóctonas como Manto Negro, Callet y Fogoneu en las tintas y la Moll o Prensal Blanc en blancas.
En el año 123 antes de Cristo, los romanos conquistaron Mallorca y fueron ellos los primeros en cultivar la vid en territorio insular.
Desde entonces el vino mallorquín ha pasado por épocas de esplendor y, también de sequía, hasta llegar a un prometedor presente en el que los vinos mallorquines -telúricos, frescos y con inconfundibles aromas minerales- empiezan a compartir calificación con los mejores, en mesas de cata nacionales e internacionales.
Hoy en día, los vinos mallorquines cuentan con unas características singulares, una elevada calidad y una personalidad reconocida, que les ha permitido obtener importantes valoraciones por parte de los expertos. Los vinateros de la isla continúan, mediante sus esfuerzos, persiguiendo su deseo de incorporar el nombre de Mallorca dentro de las zonas más selectas productoras de grandes vinos.
En el año 2007 se publica la Orden de la consejera de Agricultura y Pesca de 13 de abril, por la cual se reconoce y se regula la indicación geográfica Mallorca, para los vinos con derecho a la mención tradicional "vino de la tierra" producidos en la isla de Mallorca.
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Sin duda, uno de los vinos que más expectativas a levantado en el viñedo mallorquín.
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